Quiénes somos y qué hacemos
No, y preferimos decírtelo de entrada. AG TRUST CAPITAL, S.L. es un intermediario comercial, no una Empresa de Asesoramiento Financiero (EAF) ni una Empresa de Servicios de Inversión (ESI), y no está registrada ni supervisada por la CNMV ni por el Banco de España.
Lo que hacemos es ponerte delante oportunidades en proyectos de economía real y explicarte cómo funcionan. La decisión y el contrato son siempre tuyos, y se firman directamente con la empresa promotora.
En ningún momento. No captamos depósitos ni gestionamos capital de clientes. Tu aportación se formaliza directa y exclusivamente entre tú y la empresa promotora del proyecto, y la transferencia va a la cuenta que consta en tu contrato.
Nosotros no somos parte de esa transacción económica: te presentamos la operación, te explicamos las condiciones y te acompañamos en el proceso.
A ti no te cobramos nada. Nuestros honorarios salen del margen de la propia operación: de la rentabilidad que genera, una parte va para ti, otra queda para la empresa promotora y otra es la que esa empresa nos reconoce a nosotros como honorarios de intermediación.
Esto tiene una implicación que debes conocer: significa que no prestamos un servicio de asesoramiento independiente. Preferimos que lo sepas y lo valores tú mismo a esconderlo en la letra pequeña.
Y hay una contrapartida que te beneficia: muchas de estas empresas solo trabajan con tickets altos. Al agrupar una cartera conjunta de inversores, conseguimos que puedas entrar con importes más pequeños y en las mismas condiciones que un gran inversor.
Sí. Aunque el contrato lo firmas directamente con la empresa promotora, de todo lo demás nos encargamos nosotros: la gestión administrativa, el papeleo, la interlocución con la empresa y el seguimiento, durante toda la vida de tu inversión. Tú no tienes que ocuparte de nada.
Y muy especialmente ante cualquier incidencia, retraso o problema de cobro: lo gestionamos y lo resolvemos nosotros con la empresa, no tienes que pelearte con nadie. Nuestra relación no termina cuando termina la operación.
El soporte jurídico lo ponemos nosotros. Contamos con un departamento jurídico de abogados que se encargaría de gestionar cualquier reclamación o, llegado el caso, la ejecución de las garantías del contrato. No tendrías que buscar asesoramiento por tu cuenta ni asumir ese coste.
Y te lo decimos con transparencia: hasta la fecha no ha hecho falta activarlo, no hemos tenido que llegar a una reclamación en ninguna operación. Eso no significa que no pueda ocurrir en el futuro — el riesgo de estas operaciones sigue siendo el que te explicamos más abajo — pero sí que, si ocurriera, no estarías solo.
Sí. Como inversor tienes acceso a una app de seguimiento donde ves en todo momento el capital invertido, el proyecto concreto al que se destina, el porcentaje de rendimiento y la fecha del próximo pago.
Ahí se reflejan tus pagos reales según se van produciendo, y si tienes más de una inversión activa, también el histórico conjunto de todas ellas. No dependes de que te llamemos para saber cómo va lo tuyo.
La operación, las garantías y el riesgo
Que el rendimiento no es una estimación ni una proyección de rentabilidad esperada: es una cifra recogida por escrito en el contrato que firmas con la promotora, junto con el plazo y las condiciones de pago. Sabes lo que está comprometido antes de aportar un euro.
Ahora bien, que esté pactado contractualmente no elimina el riesgo de la operación: si el proyecto falla, el contrato es tu derecho a reclamar, no una garantía automática de cobro.
No. Hay operaciones con aval financiero y operaciones sin aval, y te decimos siempre cuál es cuál antes de que decidas.
Las que lo incluyen añaden una garantía adicional sobre el capital; las que no, suelen ofrecer otras condiciones. Si para ti el aval es innegociable, trabajamos solo con las que lo llevan.
Son inversiones alternativas no reguladas y conllevan riesgos significativos, incluida la posible pérdida total del capital y la falta de liquidez (no puedes retirar el dinero cuando quieras: está comprometido durante el plazo pactado).
Estas operaciones no están cubiertas por el FOGAIN ni por el Fondo de Garantía de Depósitos. Cualquiera que te presente esto como “sin riesgo” te está engañando.
Depende de la operación. Algunas contemplan rendimientos periódicos y otras liquidan al vencimiento del plazo.
Es una de las cosas que vemos en la llamada: si lo que buscas es un ingreso recurrente, te orientamos hacia las que lo permiten.
Dudas habituales sobre las empresas
Es una buena pregunta, y la respuesta es que el capital social y el volumen de negocio son cosas completamente distintas.
El capital social es solo el patrimonio inicial que aportan los socios al constituir la empresa. En España, desde la Ley Crea y Crece, una S.L. puede crearse incluso con 1 € (antes el mínimo eran 3.000 €). No es el dinero que la empresa tendrá siempre, ni una medida de su tamaño o su solvencia.
El dinero para operar sale de otras fuentes: beneficios acumulados, préstamos, líneas de crédito, facturas por cobrar, anticipos de clientes o pago a proveedores a 30/60/90 días. Por eso una empresa con 3.000 € de capital puede estar moviendo millones sin haberlo tocado nunca.
Lo que de verdad protege a un acreedor no es esa cifra, sino que la empresa tenga activos, reservas, beneficios y caja. Una S.L. con 3.000 € de capital pero con reservas y buena facturación es mucho más sólida que otra con 300.000 € de capital y llena de deudas. Mira el balance, los márgenes y la caja — que es justo lo que te compartimos.
Porque la financiación bancaria es lenta y rígida. La privada tiene un tipo de interés más alto, sí, pero la empresa gana en rapidez, versatilidad y eficacia — y en muchos negocios eso vale mucho más que ahorrarse unos puntos de interés.
A eso se suman razones habituales:
- Los bancos exigen garantías y avales pesados, con procesos de aprobación largos.
- Son restrictivos con la operativa internacional y con determinados sectores.
- Sus líneas tienen límites que no escalan proyecto a proyecto.
- La financiación privada se ajusta al ciclo concreto de cada operación.
Y hay un punto decisivo: la lentitud del banco no solo cuesta tiempo, puede costar la operación entera. Mientras se tramita, la oportunidad se la lleva otro. La financiación privada existe precisamente para no perder esas oportunidades por falta de agilidad.
El proceso, paso a paso
A nada. Es una conversación de 30 minutos, gratuita y sin compromiso. No hay que aportar capital, ni firmar nada, ni dar datos bancarios.
Si al terminar decides que esto no es para ti, no pasa absolutamente nada — de hecho, en bastantes casos somos nosotros quienes decimos que no encaja.
Siempre. Antes de cualquier transferencia recibirás el contrato definitivo a tu nombre, con el detalle de la operación concreta que respalda tu inversión, para que lo revises con calma y sin compromiso.
No se te pide mover un euro hasta que estés conforme con lo que vas a firmar.
- Nos confirmas que quieres entrar y el importe.
- Rellenas nuestro formulario: tus datos, test de conveniencia, protección de datos y contrato de servicios. Con eso solicitamos tu contrato.
- Te enviamos el contrato definitivo a tu nombre y el anexo con la operación concreta, para que lo revises con calma. Sin compromiso hasta estar conforme.
- Se firma, de forma telemática o presencial, como prefieras.
- Realizas la transferencia por el importe acordado a la cuenta que consta en el contrato.
- Cuando la empresa confirma la recepción de los fondos, se activa tu operación y empieza a devengarse el rendimiento pactado.
- De la gestión, el papeleo y el seguimiento nos encargamos nosotros: tú solo te ocupas de la firma y la transferencia.
Ten en cuenta que, desde que se solicita la inversión, el contrato tarda unos días en estar listo.
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